Hoy escribo de mí para ti, porque estoy cansada de andarme con misterios y con textos en 1ª persona del plural. Porque necesito decir, aunque no quieras saber nada, cómo me he sentido y me sigo sintiendo.
Entiendo que prefieras pensar que mi falta fue un acto deliberado, perfectamente calculado, que sabía cómo iba a acabar todo. Que lo hice expresamente para hacerte daño, porque me parecías insignificante o porque no te quise en ningún momento; porque fuiste un pasatiempo divertido hasta que me cansé. Todo eso lo entiendo porque es lo que cualquiera en una situación así y sin querer escuchar una explicación pensaría, incluida yo.
Entiendo que te sientas profundamente herido, que te cueste dormir por las noches. Que sientas un infinito rencor, asco y odio hacia mí. Que te haya decepcionado a un nivel que nunca hubieses imaginado. Que pienses que has perdido 8 meses de tu vida queriéndome y que nada ha valido la pena. Lo entiendo.
Yo mientras tanto siento una gran impotencia, porque no puedo hacer absolutamente nada para cambiar todo eso que sientes ahora hacia mí. No puedo hacer nada para que te creas mis disculpas, para que siquiera intentes escucharme. Y lo único que me queda es desahogarme escribiendo cartas al aire, como ésta, que la leerá cualquier persona menos tú, y esperar que algún día llegue a ti por muy tarde que sea.
Saber todo el sufrimiento por el que estás pasando no me está dejando vivir a mí tampoco. No te merecías que te hiciera algo así, nadie se lo merece por muchos errores que cometa. No supe darle el valor suficiente a todos tus esfuerzos por hacerme feliz porque fui una egoísta. Soy una egoísta y estoy como me merezco estar. Ya ni te pido perdón porque no me merezco ni eso.
Lo hice, bebí y me dejé llevar sin pensar en las consecuencias. Y lo peor es que no fue un simple calentón o un rollo de una noche con un desconocido; había unos sentimientos detrás que llevaba meses ocultándome a mí misma y a los demás. Unos sentimientos que nunca terminaron de desaparecer y que convivieron con lo que a la vez sentía por ti. Porque te quise, de verdad que te quise. Pero uno de los lados de la balanza acabó pesando más que el otro, y no fue el tuyo.
Después de lo sucedido me prometí no contártelo jamás. Le pedí que desapareciera e intenté borrarle completa y definitivamente de mi vida, haciéndome creer, al mismo tiempo y una vez más, que habían sido tan solo unos besos sin importancia. Un desliz que no tenías por qué saber porque te mataría del dolor y me odiarías para siempre. Y ahora no sólo ha sucedido eso, sino que además la cobardía es otra losa con la que tengo que cargar; yo, que tiempo atrás tanto presumía de sinceridad y valentía. Já.
Qué hipócrita he sido. Pasaron los días y era incapaz de quitármelo a él de la cabeza. Sabía que también estaba sufriendo y eso me estaba martirizando, pero seguí en mis trece. Tú te lo merecías todo y él nada.
A medida que se sucedían las semanas me iba dando cada vez más cuenta de que no podía continuar así. Estaba a gusto contigo, pero no era feliz. La culpa pesaba más que cualquier otra cosa y decidí irme distanciando, ya que no sé otra forma de llevar a cabo una ruptura. Y al cabo de unos días pusimos punto y final a la relación.
Pero no se acabó todo ahí. Después sentí una mezcla de sentimientos muy extraña que no supe describir a nadie con quien hablé. Pena, alivio, nostalgia, preocupación… La culpa también permanecía ahí.
Y justo cuando estaba empezando a equilibrar mis sentimientos, a perdonarme un poco a mí misma, a darme una oportunidad con esa otra persona, me llegaron noticias tuyas el peor día que me podían llegar. Lo sabías todo, alguien muy cercano me había traicionado y te lo había contado. Tu carta me volvió a derrumbar, como un golpe de aire a un castillo de naipes. La frase “para mí estás muerta” es lo más duro y horrible que me han dicho jamás y nunca te hubiese imaginado dedicándomela. Palabras como estocadas.
Y ahí fue cuando apareció la impotencia. Sabía que no me dejarías explicarte nada, ni en persona ni por escrito. Tu imagen sobre mí cambió automáticamente y con razón, y seguirá siendo así probablemente siempre, y eso me está destrozando.
Si ya estaba pasando por una temporada dura, con esto ya he tocado fondo, no sólo a nivel emocional sino también como persona, y me he jurado que haré todo lo posible para cambiar.
No me lo perdonaré en la vida, puedes estar seguro de ello. Tampoco espero que tú lo hagas.
Confío en que algún día te vuelvas a cruzar con ella y podáis estar juntos, ya que dices que te demostró en menos tiempo mucho más de lo que he hecho yo en estos meses, y no lo dudo. Y me da la impresión también de que tú nunca conseguiste olvidarte del todo de ella.
Espero que comiences a ser feliz pronto. Es lo único que le pido al karma.