Noctámbulo nº

sábado, 28 de abril de 2012

Hagan sus apuestas.

- Entonces, ¿cómo te sientes?

- No me siento. Prefiero no hacerlo, así es mucho más fácil.

- ¿Fácil? Te creía más valiente. Una persona sin miedo a sentir.


- Yo también lo creía, pero... ¿Y si lo que descubro adentrándome en mi corazón me sorprende? ¿Y si me doy cuenta de que he cometido el mayor de los errores? ¿Qué pasa si eso me devuelve al fondo del agujero del que tanto me está costando salir? No quiero volver a pasar por eso, no ahora, no otra vez.


- No se puede huir de los sentimientos, o siquiera frenarlos, es imposible. Como no te decidas a afrontar los tuyos de una vez, te envolverán poco a poco hasta tenerte atrapada y te irán asfixiando cada día hasta hacerte explotar en mil pedazos. Tú has sido la única que ha creado ese agujero y la única que te impide salir de él por estar continuamente engañándote a ti misma. Deja ya de tener miedo a cosas que no sabes si sucederán y arriésgate un poco. ¡Te estás perdiendo tu propia vida!


- Pero, ¿y si sale mal? ¿Y si vuelvo a sufrir? ¿Y si vuelvo a hacer sufrir?


- Pero, ¿y si sale bien? ¿Y si llegas a ser más feliz de lo que nunca has sido? ¿Y si haces feliz a alguien que nunca ha podido serlo? Ya no tienes nada más que perder y mucho que ganar todavía. Juega, la vida es eso.





viernes, 13 de abril de 2012

Carta al aire.

Hoy escribo de mí para ti, porque estoy cansada de andarme con misterios y con textos en 1ª persona del plural. Porque necesito decir, aunque no quieras saber nada, cómo me he sentido y me sigo sintiendo.

Entiendo que prefieras pensar que mi falta fue un acto deliberado, perfectamente calculado, que sabía cómo iba a acabar todo. Que lo hice expresamente para hacerte daño, porque me parecías insignificante o porque no te quise en ningún momento; porque fuiste un pasatiempo divertido hasta que me cansé. Todo eso lo entiendo porque es lo que cualquiera en una situación así y sin querer escuchar una explicación pensaría, incluida yo.
Entiendo que te sientas profundamente herido, que te cueste dormir por las noches. Que sientas un infinito rencor, asco y odio hacia mí. Que te haya decepcionado a un nivel que nunca hubieses imaginado. Que pienses que has perdido 8 meses de tu vida queriéndome y que nada ha valido la pena. Lo entiendo.

Yo mientras tanto siento una gran impotencia, porque no puedo hacer absolutamente nada para cambiar todo eso que sientes ahora hacia mí. No puedo hacer nada para que te creas mis disculpas, para que siquiera intentes escucharme. Y lo único que me queda es desahogarme escribiendo cartas al aire, como ésta, que la leerá cualquier persona menos tú, y esperar que algún día llegue a ti por muy tarde que sea.

Saber todo el sufrimiento por el que estás pasando no me está dejando vivir a mí tampoco. No te merecías que te hiciera algo así, nadie se lo merece por muchos errores que cometa. No supe darle el valor suficiente a todos tus esfuerzos por hacerme feliz porque fui una egoísta. Soy una egoísta y estoy como me merezco estar. Ya ni te pido perdón porque no me merezco ni eso.

Lo hice, bebí y me dejé llevar sin pensar en las consecuencias. Y lo peor es que no fue un simple calentón o un rollo de una noche con un desconocido; había unos sentimientos detrás que llevaba meses ocultándome a mí misma y a los demás. Unos sentimientos que nunca terminaron de desaparecer y que convivieron con lo que a la vez sentía por ti. Porque te quise, de verdad que te quise. Pero uno de los lados de la balanza acabó pesando más que el otro, y no fue el tuyo.
Después de lo sucedido me prometí no contártelo jamás. Le pedí que desapareciera e intenté borrarle completa y definitivamente de mi vida, haciéndome creer, al mismo tiempo y una vez más, que habían sido tan solo unos besos sin importancia. Un desliz que no tenías por qué saber porque te mataría del dolor y me odiarías para siempre. Y ahora no sólo ha sucedido eso, sino que además la cobardía es otra losa con la que tengo que cargar; yo, que tiempo atrás tanto presumía de sinceridad y valentía. Já.
Qué hipócrita he sido. Pasaron los días y era incapaz de quitármelo a él de la cabeza. Sabía que también estaba sufriendo y eso me estaba martirizando, pero seguí en mis trece. Tú te lo merecías todo y él nada.
A medida que se sucedían las semanas me iba dando cada vez más cuenta de que no podía continuar así. Estaba a gusto contigo, pero no era feliz. La culpa pesaba más que cualquier otra cosa y decidí irme distanciando, ya que no sé otra forma de llevar a cabo una ruptura. Y al cabo de unos días pusimos punto y final a la relación.

Pero no se acabó todo ahí. Después sentí una mezcla de sentimientos muy extraña que no supe describir a nadie con quien hablé. Pena, alivio, nostalgia, preocupación… La culpa también permanecía ahí.
Y justo cuando estaba empezando a equilibrar mis sentimientos, a perdonarme un poco a mí misma, a darme una oportunidad con esa otra persona,  me llegaron noticias tuyas el peor día que me podían llegar. Lo sabías todo, alguien muy cercano me había traicionado y te lo había contado. Tu carta me volvió a derrumbar, como un golpe de aire a un castillo de naipes. La frase “para mí estás muerta” es lo más duro y horrible que me han dicho jamás y nunca te hubiese imaginado dedicándomela. Palabras como estocadas.
Y ahí fue cuando apareció la impotencia. Sabía que no me dejarías explicarte nada, ni en persona ni por escrito. Tu imagen sobre mí cambió automáticamente y con razón, y seguirá siendo así probablemente siempre, y eso me está destrozando.

Si ya estaba pasando por una temporada dura, con esto ya he tocado fondo, no sólo a nivel emocional sino también como persona, y me he jurado que haré todo lo posible para cambiar.
No me lo perdonaré en la vida, puedes estar seguro de ello. Tampoco espero que tú lo hagas.

Confío en que algún día te vuelvas a cruzar con ella y podáis estar  juntos, ya que dices que te demostró en menos tiempo mucho más de lo que he hecho yo en estos meses, y no lo dudo. Y me da la impresión también de que tú nunca conseguiste olvidarte del todo de ella.

Espero que comiences a ser feliz pronto. Es lo único que le pido al karma.



martes, 10 de abril de 2012

What goes around, comes around.

A veces nos gustaría cambiar nuestro pasado, coger una goma de borrar y hacer que las decisiones mal tomadas, los errores cometidos, el dolor y las decepciones provocadas desaparecieran.
¿Por qué, si sabemos que haremos daño a alguien a quien queremos, seguimos adelante con nuestros actos? ¿Por qué somos tan egoístas, tan hipócritas y tan sumamente mentirosos en ocasiones?

El karma definitivamente sí existe. Hagámosle daño a alguien que no se lo merezca y nos llevaremos una sorpresa. Nos será devuelto multiplicado por dos y de formas que nunca nos hubiésemos imaginado, como la traición.
Siempre existirá alguien más egoísta, más hipócrita y más mentiroso que nosotros, que espera pacientemente el momento de clavarnos un puñal en la espalda, sin ningún tipo de reparo y con la intención de permanecer en la sombra después de cometer semejante acto de cobardía y crueldad.
Cuando nos vemos en una situación así, nuestra cabeza se llena de preguntas y nuestro corazón de rabia, de dolor, de desconfianza, de ganas de venganza... Y de repente nos viene a la mente esa persona a la que hicimos tanto o más daño que el que nos ha sido devuelto y todos esos sentimientos se ven reemplazados por uno sólo: el odio, pero hacia nosotros mismos. Odio por habernos convertido en una persona tan despreciable y rastrera como la que nos ha traicionado; por haber hecho aquello que, tiempo atrás, tanto jurábamos que no cometeríamos nunca; por haber clavado ese mismo puñal a alguien que dio tanto por nosotros. 
Y es entonces cuando un cambio drástico en nuestra actitud ante la vida se convierte en una necesidad apremiante. 

No podremos cambiar el pasado, pero sí hacer todo lo que esté en nuestras manos para que cuando volvamos a echar la mirada hacia atrás, podamos mirar con orgullo en vez de con arrepentimiento.