Tengo un problema. Te sufro a cada instante y me gusta
hacerlo.
Te odio. Te odio porque no sé cómo he podido permitirme seguir
teniéndote en mi cabeza. Porque esta situación me hace sentir ridícula, a la
deriva, pero la amo tanto… Amo estar confundida por tu culpa.
¿Qué estoy buscando? ¿Qué estoy haciendo? ¿Qué es lo que
siento?
Si encuentras las respuestas, dímelas, aclara este
entuerto. Resuélvelo para que pueda dar el siguiente paso, otro más en este
camino hace ya tiempo emprendido. Y si eso ocurre, dalo conmigo. Aunque haga como
que no me importa, aunque te niegue, aunque te frene, aunque te destroce…
Permanece, anda. Aunque signifique desorientarme, mantenerme en ascuas, presionarme,
dejarme con las ganas. Hazlo. Porque no me ha gustado sufrir con nadie más que
contigo, porque no me permito sufrir por nadie más que por ti y todavía me
quedan por descubrir los motivos.
Porque esta es una puta contradicción, la más puta de todas. Y creo que ya puedo permitirme pagar la tarifa.