Noctámbulo nº

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Opiniones por canciones


Twitter… Esa herramienta práctica y divertida para algunos y tan carente de utilidad para otros. 
Yo soy de las que piensan que en esta red social encuentras de todo. Algo que puedo afirmar gracias a la cantidad de descubrimientos que me han cambiado la vida, en mayor o menor medida, este último año.
Uno de ellos se produjo, como casi siempre, de pura casualidad. Si no recuerdo mal, en torno al pasado mes de marzo. Un simple retweet de una de las personas a las que sigo en la red social, cambió por completo el rumbo de mi tarde. @cesarpopmadrid escribía un tweet con un link de un vídeo de una joven cantautora de la que hablaba maravillas. La curiosidad me pudo y pinché el enlace de YouTube, que me llevó directamente al canal de una tal rollitosdeprimavera. La canción en cuestión se llamaba Delirios y de éxtasis. En cuanto le di al play, mi obsesión por la gaditana Carmen Boza comenzó. Sus letras profundas, su voz, su rollo… Hacía mucho que no me emocionaba tantísimo con un descubrimiento musical. Era mágica.
En los días sucesivos devoré su música y, cada vídeo que hay de ella en Internet, probablemente ya lo haya visto. Muero por ir a ver uno de sus conciertos (he tenido la mala pata siempre de no poder asistir a ninguno) o por cruzármela por Madrid y decirle en persona lo mucho que me encanta. Tanto, que su canción Nana Noir en cierto modo me ayudó a escribir el primer post de este blog.

Todos los que la adoramos llevamos meses (los fans más antiguos seguramente años) rezando porque saque un disco. Y justo cuando menos lo esperaba, Boza, desde su cuenta de Twitter @holamellamoboza, nos animó a que viéramos unos vídeos que había colgado en su canal de YouTube, siendo éstos la antesala de lo que días después ocurriría.
La sorpresa fue que Boza lanzará un EP el próximo día 20 de diciembre desde su página de Bandcamp (boza.bandcamp.com) con las 23 canciones que ha ido componiendo a lo largo de estos últimos 3 o 4 años, con arreglos y más instrumentos que su guitarra o piano, todo ello hecho con sus propias manitas, lo que lo hace aún más valioso. Y además nos da la posibilidad de conseguirlo gratuitamente a cambio de una reseña (como la que aquí me ocupa) en base a lo que pudimos escuchar del disco gracias al streaming que hizo días atrás.
Si bien es cierto que los arreglos que le ha dado a las canciones la alejan un poco de ese aura íntima que rodea a los cantautores, convirtiéndolas en algo un pelín más comercial, lo que escuché en el streaming me pareció maravilloso de todas formas. Boza ha sabido conservar ese toque especial y personal de sus acústicos en estas nuevas versiones y la verdad es que no me siento nada decepcionada con el resultado.

Espero de corazón que este nuevo post, después de tantos meses sin publicar nada en el blog, haga que la música de esta fantástica compositora llegue a muchos y nuevos oídos. Espero que la publicación del mismo en mi cuenta de Twitter tenga el mismo efecto que tuvo aquella otra en su día conmigo, porque un soplo de aire puro y fresco como lo es Boza, es justo lo que necesita la música en este momento. 

#lonuevodeBoza

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Ser o parecer.


Estar asustada. Sentirse agotada, enfurecida, amargada... 
Rendirse. No sentirse con las ganas ni la inspiración suficiente, siquiera, para desahogarse escribiendo. Pero aún así se hace, esperando que cada golpe al teclado libere rápidamente cada gramo de desazón y angustia que se lleva arrastrando tanto tiempo. Y a medida que se va haciendo, las palabras y los pensamientos se convierten en una extensión de los dedos, que comienzan a escribir por sí solos a un ritmo frenético.

Frenesí y letargo, la perfecta descripción de un presente, el mío.

Me muevo frenéticamente mientras mi mente permanece aletargada, como en un estado de hibernación que parece no acabar nunca. Se nos exige vivir rápido y es por ello que mi cuerpo me obliga a seguir funcionando, pero mi mente decidió hace ya un tiempo rebelarse contra lo establecido y desconectar, bien por confusión, por dolor, por angustia, por presión o por simple pereza, pero mi alma no puede más, está exhausta. Y por más que me proponga alcanzar un objetivo, establecer un camino y fijar una meta, ese sentimiento de que algo me falta no acaba de extinguirse.

Sólo existe una cosa en todo el mundo que me satisface y me hace sentir que vivo porque sirvo para algo. Pero la realidad, el entorno y las circunstancias se encargaron de golpearme en la cara. Un golpe seco y frío como el acero que me recordó que eso no sería suficiente en un futuro. Y ahí es cuando mi mente huyó de mi cuerpo.

He sufrido así durante meses y podría llegar a hacerlo incluso años, pero he decidido parar. Lo necesito.
Ahora, ¿me enfrento a la realidad asignada y me resigno, o corro el riesgo de crear la mía propia?

He llamado a voces a mi mente y sigo esperando una respuesta.

lunes, 16 de julio de 2012

Dos en una.


Decían, quienes alguna vez se habían adentrado en ella, que era una tierra salvaje, indomable; que su libertad radicaba de su aislamiento del resto del mundo y que su corazón llegaba a ser inaccesible durante las estaciones más largas y gélidas. Que era todo un enigma.

Pero una vez hubo un visitante que consiguió desvelar los misterios que entrañaba, lo que resultó una ardua tarea. Durante un tiempo, incluso llegó a aborrecer esa tierra y lo que fuera que le impulsara a aventurarse en ella, precisamente por las dificultades que se iban interponiendo a lo largo de su recorrido y que, una y otra vez, le devolvían a los límites de dicho territorio, echando a perder todo lo conseguido y haciéndole empezar nuevamente desde cero. Pero gracias a su tozudez y eterna predisposición, la tierra sin nombre fue mostrándole poco a poco el camino hacia sus confines, ayudándole a conseguir lo que muy pocos tuvieron la oportunidad de conocer: el corazón de sus frondosos bosques, cada cueva escondida en sus interminables cordilleras y cada madriguera escarbada detrás de cada arbusto. En definitiva, sus lugares más recónditos.

Pudo averiguar, por lo que vio y vivió, que era una tierra desconocida para muchos, incluso para ella misma; era una tierra libre, pero aseguraba no conocer la libertad. Descubrió que resultaba inaccesible para cualquier forastero porque se protegía a sí misma. Era una tierra con miedo a ser descubierta.

Pero la tierra sin nombre fue descubriéndose ante el visitante sin apenas darse cuenta, enseñándole todas las maravillas que en ella se escondían, toda la magia que desprendía cada elemento que formaba parte de ella, toda la sabiduría que era capaz de transmitir al mundo. Y el visitante quedó prendado.
Éste le preguntó si toda esa belleza tenía ya un nombre, que era un pecado que nadie conociera lo maravilloso de su existencia, a lo que la tierra no supo contestar.

"Tú eres Alaska", le dijo el visitante. Y desde entonces, durante las estaciones más frías, no volvió a nevar de la misma manera.




miércoles, 6 de junio de 2012

Semáforo abierto y yo...


Tengo un problema. Te sufro a cada instante y me gusta hacerlo.

Te odio. Te odio porque no sé cómo he podido permitirme seguir teniéndote en mi cabeza. Porque esta situación me hace sentir ridícula, a la deriva, pero la amo tanto… Amo estar confundida por tu culpa.

¿Qué estoy buscando? ¿Qué estoy haciendo? ¿Qué es lo que siento?

Si encuentras las respuestas, dímelas, aclara este entuerto. Resuélvelo para que pueda dar el siguiente paso, otro más en este camino hace ya tiempo emprendido. Y si eso ocurre, dalo conmigo. Aunque haga como que no me importa, aunque te niegue, aunque te frene, aunque te destroce… Permanece, anda. Aunque signifique desorientarme, mantenerme en ascuas, presionarme, dejarme con las ganas. Hazlo. Porque no me ha gustado sufrir con nadie más que contigo, porque no me permito sufrir por nadie más que por ti y todavía me quedan por descubrir los motivos.


Porque esta es una puta contradicción, la más puta de todas. Y creo que ya puedo permitirme pagar la tarifa.




jueves, 17 de mayo de 2012

Por ejemplo.


La inspiración es esa canción en un momento inadecuado. Una conversación con tu abuela sobre cómo afrontar un futuro incierto o cómo le gustaba el arroz con leche a tu abuelo. Es el olor a verano en las calles por la noche, amanecer a las dos de la tarde un miércoles o comerte las últimas natillas que quedan en la nevera.
Es el hecho de que tu hermana pequeña recurra a ti la primera para elegir una blusa para el día de su graduación y te arrastre de compras. Es un mensaje de alguien de quien te habías olvidado hace mucho tiempo y las ganas que surgen de volverle a ver. Un beso con un desconocido en un rincón oscuro de una discoteca y la llamada que rechazarás al día siguiente o un beso con un viejo conocido, en el bar de siempre, y la llamada que no ocurrirá aunque quisieras.

Me inspiran los jueves y los domingos, porque los aborrezco y los amo al mismo tiempo, como el chocolate, el sol, las risas, las discusiones sobre temas sin importancia, las despedidas, madrugar los sábados para ir a entrenar o mis propios padres.
Son mi musa las personas con el carácter y la decisión suficientes para cantarme las cuarenta si he hecho algo que no les ha gustado, o la cabezonería necesaria para tirarse una hora discutiendo conmigo sobre algo en lo que sé que tengo la razón. Aquellas personas a las que les partiría la cara de un puñetazo o los labios con un beso; las que hacen que le dé mil vueltas a todo y las que, por el contrario, me invitan a olvidar con un tequila. Son esas personas que me hacen pasar por el peor de los momentos, que me abandonan, me humillan, me traicionan o se vengan, pero sin las que no podría crecer como ser humano.

Inspiración es ese “te echo de menos, tía” de alguien a quien ves todos los fines de semana pero te gustaría tener las 24 horas del día, o esa impotencia que te provoca el saber que a alguien a quien solías tener las 24 horas del día, probablemente no le puedas volver a ver jamás.
Inspiración es una coreografía, un poema o una anécdota que te erizan la piel. Un periódico lleno de malas noticias o un 5 en la peor de las asignaturas. La rutina de un viernes aburrido, un sábado memorable y un domingo resacoso. Es una lágrima de felicidad provocada por quien solías llorar de tristeza o un tazón de Cola Cao en una noche de tos y fiebre.

Mi inspiración son muchas y pocas cosas, importantes e insignificantes a la vez. Puede llevarme a tomar la mejor de las decisiones o a cometer el peor de los errores. Puedo desearla en momentos en los que de verdad me hace falta pero aparecer cuando menos la necesito. Puede ayudarme a escribir textos que conmuevan, que avergüencen o que pasen totalmente desapercibidos.


La inspiración es mi droga preferida.







sábado, 28 de abril de 2012

Hagan sus apuestas.

- Entonces, ¿cómo te sientes?

- No me siento. Prefiero no hacerlo, así es mucho más fácil.

- ¿Fácil? Te creía más valiente. Una persona sin miedo a sentir.


- Yo también lo creía, pero... ¿Y si lo que descubro adentrándome en mi corazón me sorprende? ¿Y si me doy cuenta de que he cometido el mayor de los errores? ¿Qué pasa si eso me devuelve al fondo del agujero del que tanto me está costando salir? No quiero volver a pasar por eso, no ahora, no otra vez.


- No se puede huir de los sentimientos, o siquiera frenarlos, es imposible. Como no te decidas a afrontar los tuyos de una vez, te envolverán poco a poco hasta tenerte atrapada y te irán asfixiando cada día hasta hacerte explotar en mil pedazos. Tú has sido la única que ha creado ese agujero y la única que te impide salir de él por estar continuamente engañándote a ti misma. Deja ya de tener miedo a cosas que no sabes si sucederán y arriésgate un poco. ¡Te estás perdiendo tu propia vida!


- Pero, ¿y si sale mal? ¿Y si vuelvo a sufrir? ¿Y si vuelvo a hacer sufrir?


- Pero, ¿y si sale bien? ¿Y si llegas a ser más feliz de lo que nunca has sido? ¿Y si haces feliz a alguien que nunca ha podido serlo? Ya no tienes nada más que perder y mucho que ganar todavía. Juega, la vida es eso.





viernes, 13 de abril de 2012

Carta al aire.

Hoy escribo de mí para ti, porque estoy cansada de andarme con misterios y con textos en 1ª persona del plural. Porque necesito decir, aunque no quieras saber nada, cómo me he sentido y me sigo sintiendo.

Entiendo que prefieras pensar que mi falta fue un acto deliberado, perfectamente calculado, que sabía cómo iba a acabar todo. Que lo hice expresamente para hacerte daño, porque me parecías insignificante o porque no te quise en ningún momento; porque fuiste un pasatiempo divertido hasta que me cansé. Todo eso lo entiendo porque es lo que cualquiera en una situación así y sin querer escuchar una explicación pensaría, incluida yo.
Entiendo que te sientas profundamente herido, que te cueste dormir por las noches. Que sientas un infinito rencor, asco y odio hacia mí. Que te haya decepcionado a un nivel que nunca hubieses imaginado. Que pienses que has perdido 8 meses de tu vida queriéndome y que nada ha valido la pena. Lo entiendo.

Yo mientras tanto siento una gran impotencia, porque no puedo hacer absolutamente nada para cambiar todo eso que sientes ahora hacia mí. No puedo hacer nada para que te creas mis disculpas, para que siquiera intentes escucharme. Y lo único que me queda es desahogarme escribiendo cartas al aire, como ésta, que la leerá cualquier persona menos tú, y esperar que algún día llegue a ti por muy tarde que sea.

Saber todo el sufrimiento por el que estás pasando no me está dejando vivir a mí tampoco. No te merecías que te hiciera algo así, nadie se lo merece por muchos errores que cometa. No supe darle el valor suficiente a todos tus esfuerzos por hacerme feliz porque fui una egoísta. Soy una egoísta y estoy como me merezco estar. Ya ni te pido perdón porque no me merezco ni eso.

Lo hice, bebí y me dejé llevar sin pensar en las consecuencias. Y lo peor es que no fue un simple calentón o un rollo de una noche con un desconocido; había unos sentimientos detrás que llevaba meses ocultándome a mí misma y a los demás. Unos sentimientos que nunca terminaron de desaparecer y que convivieron con lo que a la vez sentía por ti. Porque te quise, de verdad que te quise. Pero uno de los lados de la balanza acabó pesando más que el otro, y no fue el tuyo.
Después de lo sucedido me prometí no contártelo jamás. Le pedí que desapareciera e intenté borrarle completa y definitivamente de mi vida, haciéndome creer, al mismo tiempo y una vez más, que habían sido tan solo unos besos sin importancia. Un desliz que no tenías por qué saber porque te mataría del dolor y me odiarías para siempre. Y ahora no sólo ha sucedido eso, sino que además la cobardía es otra losa con la que tengo que cargar; yo, que tiempo atrás tanto presumía de sinceridad y valentía. Já.
Qué hipócrita he sido. Pasaron los días y era incapaz de quitármelo a él de la cabeza. Sabía que también estaba sufriendo y eso me estaba martirizando, pero seguí en mis trece. Tú te lo merecías todo y él nada.
A medida que se sucedían las semanas me iba dando cada vez más cuenta de que no podía continuar así. Estaba a gusto contigo, pero no era feliz. La culpa pesaba más que cualquier otra cosa y decidí irme distanciando, ya que no sé otra forma de llevar a cabo una ruptura. Y al cabo de unos días pusimos punto y final a la relación.

Pero no se acabó todo ahí. Después sentí una mezcla de sentimientos muy extraña que no supe describir a nadie con quien hablé. Pena, alivio, nostalgia, preocupación… La culpa también permanecía ahí.
Y justo cuando estaba empezando a equilibrar mis sentimientos, a perdonarme un poco a mí misma, a darme una oportunidad con esa otra persona,  me llegaron noticias tuyas el peor día que me podían llegar. Lo sabías todo, alguien muy cercano me había traicionado y te lo había contado. Tu carta me volvió a derrumbar, como un golpe de aire a un castillo de naipes. La frase “para mí estás muerta” es lo más duro y horrible que me han dicho jamás y nunca te hubiese imaginado dedicándomela. Palabras como estocadas.
Y ahí fue cuando apareció la impotencia. Sabía que no me dejarías explicarte nada, ni en persona ni por escrito. Tu imagen sobre mí cambió automáticamente y con razón, y seguirá siendo así probablemente siempre, y eso me está destrozando.

Si ya estaba pasando por una temporada dura, con esto ya he tocado fondo, no sólo a nivel emocional sino también como persona, y me he jurado que haré todo lo posible para cambiar.
No me lo perdonaré en la vida, puedes estar seguro de ello. Tampoco espero que tú lo hagas.

Confío en que algún día te vuelvas a cruzar con ella y podáis estar  juntos, ya que dices que te demostró en menos tiempo mucho más de lo que he hecho yo en estos meses, y no lo dudo. Y me da la impresión también de que tú nunca conseguiste olvidarte del todo de ella.

Espero que comiences a ser feliz pronto. Es lo único que le pido al karma.



martes, 10 de abril de 2012

What goes around, comes around.

A veces nos gustaría cambiar nuestro pasado, coger una goma de borrar y hacer que las decisiones mal tomadas, los errores cometidos, el dolor y las decepciones provocadas desaparecieran.
¿Por qué, si sabemos que haremos daño a alguien a quien queremos, seguimos adelante con nuestros actos? ¿Por qué somos tan egoístas, tan hipócritas y tan sumamente mentirosos en ocasiones?

El karma definitivamente sí existe. Hagámosle daño a alguien que no se lo merezca y nos llevaremos una sorpresa. Nos será devuelto multiplicado por dos y de formas que nunca nos hubiésemos imaginado, como la traición.
Siempre existirá alguien más egoísta, más hipócrita y más mentiroso que nosotros, que espera pacientemente el momento de clavarnos un puñal en la espalda, sin ningún tipo de reparo y con la intención de permanecer en la sombra después de cometer semejante acto de cobardía y crueldad.
Cuando nos vemos en una situación así, nuestra cabeza se llena de preguntas y nuestro corazón de rabia, de dolor, de desconfianza, de ganas de venganza... Y de repente nos viene a la mente esa persona a la que hicimos tanto o más daño que el que nos ha sido devuelto y todos esos sentimientos se ven reemplazados por uno sólo: el odio, pero hacia nosotros mismos. Odio por habernos convertido en una persona tan despreciable y rastrera como la que nos ha traicionado; por haber hecho aquello que, tiempo atrás, tanto jurábamos que no cometeríamos nunca; por haber clavado ese mismo puñal a alguien que dio tanto por nosotros. 
Y es entonces cuando un cambio drástico en nuestra actitud ante la vida se convierte en una necesidad apremiante. 

No podremos cambiar el pasado, pero sí hacer todo lo que esté en nuestras manos para que cuando volvamos a echar la mirada hacia atrás, podamos mirar con orgullo en vez de con arrepentimiento.

martes, 27 de marzo de 2012

Quiero...

Noches. Insomnes, envueltas en ganas. Ganas de todo, ganas de nada, ganas del mundo, ganas de ti.
Noches llenas de preocupaciones, de placeres, de errores, de birras y de acordes. De pieles erizadas, de besos robados, de paseos improvisados, de lágrimas derramadas, de intentos frustrados, de sonrisas que derritan glaciares. 
Noches jugando a ser enemigos, esclavos, delincuentes, amantes desconocidos y poetas de tres al cuarto. 
Noches fugaces, noches eternas. Noches salvajes, noches serenas. Noches que amanezcan, mañanas que anochezcan. 
Noches que se llenen de recuerdos del pasado, de miradas de reojo, de caricias que rocen el límite entre la razón y la locura, de risas que provoquen agujetas, de conversaciones interminables, de discusiones incomprensibles y de silencios incómodos. De orgullo, de prepotencia, de rabia, de impotencia, de celos, de egoísmo y de pasotismo. 
Noches que se disuelvan en el olvido o que nos marquen para siempre; que duelan hasta la médula o que nos eleven hasta la exosfera.
Noches buenas o malas, mejores o peores, llenas o vacías, completas o incompletas. 
Noches contigo, aunque esté sin ti.



Ya es medianoche.



"I didn't want to wake up. I was having a much better time asleep. And that's really sad. It was almost like a reverse nightmare, like when you wake up from a nightmare you're relieved. I woke up into a nightmare."  - Ned Vizzini


Miedo. Amar. Sonrisa. Lágrimas. Rabia. Impotencia. Confusión. Ironía. Espera. Cambio. Dolor. Pérdida. Arrepentimiento...


Arrepentimiento de mi forma de actuar, de lo que pueda dejar pasar, de lo que no pueda dejar pasar, de perder el tiempo.


Ironía, la de la vida... El querer no siempre es poder. Cuando deseas algo con todas tus fuerzas y no te dejan conseguirlo acabas por intentar olvidarlo. Es justo en ese preciso instante, en el que estás convencida de que todo ha pasado y que no quieres nada de lo que un día tanto ansiabas, cuando Murphy vuelve a hacer de las suyas ofreciéndote la oportunidad de recuperar ese momento. Pero ya es medianoche.


Recuerdas con impotencia cómo solías sonreír antes de. Ahora sonríes con las bromas, con copas y amigos de por medio. Pero son sonrisas que duran lo que dura esa ginebra en el vaso; lo suficiente para hacerte olvidar por un momento el laberinto en el que estás metida, pero no como para ayudarte a salir de él.


Surge la rabia. Tú eras una persona fuerte, llena de seguridad en tí misma, con las ideas claras, que ha soportado situaciones inimaginables e indeseables a pesar de lo corto de su existencia; y ahora no puedes con el presente. No haces más que darle vueltas a todo, pensarlo y repensarlo. Cada vez la confusión es mayor y no acaba de aparecer la jodida respuesta a esa "x". Supongo que es porque nunca se me dieron bien las matemáticas.


Cada vez tienes más y más miedo a todo; a no saber resolver tu situación, a confiar demasiado y volver a sufrir en el proceso, a tomar la decisión incorrecta, a causar dolor, a la pérdida de lo que aún conservas... A quedarte sin nada por indecisa y por, simple y llanamente, gilipollas.


Te saltan las lágrimas un día tras otro, una media hora tras otra, cada vez que tu cerebro pasa de recordarte que tienes hambre o que tienes que recoger la montaña de mierda de tu cuarto a que estás metida en un buen lío. Y tú no solías llorar a menudo, porque te juraste en un momento determinado de tu vida que las lágrimas las guardarías sólo para cuando estuvieras a punto de explotar, tal y como estabas entonces. Y ahora es lo único que haces; llorar y pensar y esperar a ver la luz al final de ese puto túnel.


Quieres un cambio en muchas cosas. En algunas sabes cómo conseguirlo, pero no te atreves a dar el paso por muchas razones de las ya nombradas; en otras, que conforman el 70% de ese laberinto, sigues sin ver una respuesta clara. 


Y empiezas a amar tu cama más que a nada en el mundo, porque te has dado cuenta de que el dormir es lo único que te ayuda y te libera de esa mierda de realidad. Más que unas ginebras, un par de sonrisas esporádicas o unas lágrimas mal echadas.