Noctámbulo nº

lunes, 16 de julio de 2012

Dos en una.


Decían, quienes alguna vez se habían adentrado en ella, que era una tierra salvaje, indomable; que su libertad radicaba de su aislamiento del resto del mundo y que su corazón llegaba a ser inaccesible durante las estaciones más largas y gélidas. Que era todo un enigma.

Pero una vez hubo un visitante que consiguió desvelar los misterios que entrañaba, lo que resultó una ardua tarea. Durante un tiempo, incluso llegó a aborrecer esa tierra y lo que fuera que le impulsara a aventurarse en ella, precisamente por las dificultades que se iban interponiendo a lo largo de su recorrido y que, una y otra vez, le devolvían a los límites de dicho territorio, echando a perder todo lo conseguido y haciéndole empezar nuevamente desde cero. Pero gracias a su tozudez y eterna predisposición, la tierra sin nombre fue mostrándole poco a poco el camino hacia sus confines, ayudándole a conseguir lo que muy pocos tuvieron la oportunidad de conocer: el corazón de sus frondosos bosques, cada cueva escondida en sus interminables cordilleras y cada madriguera escarbada detrás de cada arbusto. En definitiva, sus lugares más recónditos.

Pudo averiguar, por lo que vio y vivió, que era una tierra desconocida para muchos, incluso para ella misma; era una tierra libre, pero aseguraba no conocer la libertad. Descubrió que resultaba inaccesible para cualquier forastero porque se protegía a sí misma. Era una tierra con miedo a ser descubierta.

Pero la tierra sin nombre fue descubriéndose ante el visitante sin apenas darse cuenta, enseñándole todas las maravillas que en ella se escondían, toda la magia que desprendía cada elemento que formaba parte de ella, toda la sabiduría que era capaz de transmitir al mundo. Y el visitante quedó prendado.
Éste le preguntó si toda esa belleza tenía ya un nombre, que era un pecado que nadie conociera lo maravilloso de su existencia, a lo que la tierra no supo contestar.

"Tú eres Alaska", le dijo el visitante. Y desde entonces, durante las estaciones más frías, no volvió a nevar de la misma manera.




4 comentarios:

  1. ¡Cuántas tierras nuevas por descubrir nos quedan a todos!. Qué pena que la vida te pegue, a veces tan duro, que se nos olvide que tenemos la obligación de explorarlas, el derecho a pasearlas y a dejar de respirar con su belleza. Si yo pudiera.....

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    1. Y a cuántas personas interesadas en descubrir la nuestra les hemos cerrado las puertas... Interpretamos un doble papel la mayoría del tiempo.
      Hay que perder el miedo a descubrir y a ser descubierto. Sea malo o bueno lo que encontremos, nos hará más sabios, seguro.

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  2. Y si además comprendemos, seremos mas valientes. Seremos mejores.

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  3. Querida Alaska: hoy no hay palabras, hoy solo quiero respirar, vivir, sonreír y llorar mirándote. Que si, que cada día me gustas mas, hasta me planteo dejarlo todo...

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