Noctámbulo nº

martes, 27 de marzo de 2012

Ya es medianoche.



"I didn't want to wake up. I was having a much better time asleep. And that's really sad. It was almost like a reverse nightmare, like when you wake up from a nightmare you're relieved. I woke up into a nightmare."  - Ned Vizzini


Miedo. Amar. Sonrisa. Lágrimas. Rabia. Impotencia. Confusión. Ironía. Espera. Cambio. Dolor. Pérdida. Arrepentimiento...


Arrepentimiento de mi forma de actuar, de lo que pueda dejar pasar, de lo que no pueda dejar pasar, de perder el tiempo.


Ironía, la de la vida... El querer no siempre es poder. Cuando deseas algo con todas tus fuerzas y no te dejan conseguirlo acabas por intentar olvidarlo. Es justo en ese preciso instante, en el que estás convencida de que todo ha pasado y que no quieres nada de lo que un día tanto ansiabas, cuando Murphy vuelve a hacer de las suyas ofreciéndote la oportunidad de recuperar ese momento. Pero ya es medianoche.


Recuerdas con impotencia cómo solías sonreír antes de. Ahora sonríes con las bromas, con copas y amigos de por medio. Pero son sonrisas que duran lo que dura esa ginebra en el vaso; lo suficiente para hacerte olvidar por un momento el laberinto en el que estás metida, pero no como para ayudarte a salir de él.


Surge la rabia. Tú eras una persona fuerte, llena de seguridad en tí misma, con las ideas claras, que ha soportado situaciones inimaginables e indeseables a pesar de lo corto de su existencia; y ahora no puedes con el presente. No haces más que darle vueltas a todo, pensarlo y repensarlo. Cada vez la confusión es mayor y no acaba de aparecer la jodida respuesta a esa "x". Supongo que es porque nunca se me dieron bien las matemáticas.


Cada vez tienes más y más miedo a todo; a no saber resolver tu situación, a confiar demasiado y volver a sufrir en el proceso, a tomar la decisión incorrecta, a causar dolor, a la pérdida de lo que aún conservas... A quedarte sin nada por indecisa y por, simple y llanamente, gilipollas.


Te saltan las lágrimas un día tras otro, una media hora tras otra, cada vez que tu cerebro pasa de recordarte que tienes hambre o que tienes que recoger la montaña de mierda de tu cuarto a que estás metida en un buen lío. Y tú no solías llorar a menudo, porque te juraste en un momento determinado de tu vida que las lágrimas las guardarías sólo para cuando estuvieras a punto de explotar, tal y como estabas entonces. Y ahora es lo único que haces; llorar y pensar y esperar a ver la luz al final de ese puto túnel.


Quieres un cambio en muchas cosas. En algunas sabes cómo conseguirlo, pero no te atreves a dar el paso por muchas razones de las ya nombradas; en otras, que conforman el 70% de ese laberinto, sigues sin ver una respuesta clara. 


Y empiezas a amar tu cama más que a nada en el mundo, porque te has dado cuenta de que el dormir es lo único que te ayuda y te libera de esa mierda de realidad. Más que unas ginebras, un par de sonrisas esporádicas o unas lágrimas mal echadas.